Hace pocos días, dedicamos una extensa nota al problema de la falta de refrigeración en los taxis de Tucumán (LA GACETA, 4 de febrero). Allí estaba descripto con todos los detalles el tormento que representa ascender a uno de estos vehículos en nuestro verano que -como se sabe- suele durar alrededor de seis meses del calendario, cuando no más.
La pesadilla no es exclusiva de nuestra provincia. La misma ausencia de refrigeración en los taxis ocurre en Salta, en Catamarca, en Santiago del Estero, en Córdoba y en Mendoza. En cambio, se viaja con aire acondicionado en los taxis de la Capital Federal y de Rosario, ya que así lo disponen ordenanzas que efectivamente se cumplen.
Es inexplicable que en Tucumán, con un ardiente clima tan mortificante para el conductor como para el pasajero, solamente una mínima parte de los vehículos que cumplen ese servicio tenga refrigeración.
Cuando los sofocados pasajeros piden explicaciones al chofer, las respuestas oscilan entre "tengo, pero no funciona", "tenía, pero se rompió justo hace un rato", "el dueño no quiere que lo encienda", "se gasta más combustible" y otras similares.
Como se recordará, tampoco tuvo vigencia efectiva la ordenanza dictada por la Municipalidad años atrás, que dividió los vehículos en taxis y remises, estableciendo que estos últimos, con tarifa diferencial, estarían equipados obligatoriamente con aire acondicionado. Al constituirse el Sutrappa, el referido sistema -que nunca se había cumplido en los hechos- vino a quedar derogado.
En nuestra nota, publicamos declaraciones de un especialista en aire acondicionado de automotores. Este expresó que no es exacto que se aprecie un mayor consumo de combustible, dado el mecanismo de los autos nuevos. Esto salvo que los conductores, mientras están estacionados en las paradas, mantengan encendido el equipo.
Pensamos que es una cuestión que las autoridades no debieran dejar librada a la mera voluntad de los propietarios de los vehículos que cumplen el referido servicio público. No se ignora que la tarifa de taxis se ha vuelto notablemente elevada, ya que cuesta 3,50 pesos la bajada de bandera. Y tampoco se ignora que la cantidad de personas que toma taxis es realmente muy grande, a pesar de todo. Pareciera justo que quienes solventan, con su utilización, el cuantioso número de taxis que abarrota las calles, fueran compensados con un cierto grado de confortabilidad en los viajes.
Hay que tener en cuenta, además, que a veces el pasajero ni siquiera tiene el recurso de abrir las ventanillas, ya no es raro que el mecanismo para descorrerlas no funcione. Por cierto que la respuesta del conductor es siempre la misma: "se acaba de romper, y justo iba a arreglarla".
Un verano tan agobiante como el de Tucumán demanda, reiteramos, que tanto el chofer como su cliente estén protegidos de las altas temperaturas: ya se sabe que éstas son, en el interior del auto, superiores en varios grados a las de la calle.
Así las cosas, debe estudiarse seriamente la dotación obligatoria de refrigeración en los taxis, acudiendo -si no fuera posible de otro modo- a las tarifas diferenciales. Esto para que no continúen sometidos a una injustificada tortura, los usuarios de un servicio público.